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enter site Dossier Una anécdota pop 2015-2016 PDF

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Joey Tribbiani.

follow Considero que la imagen televisiva ha configurado en buena medida el primer imaginario de referencias visuales de mi generación. Quizá suena lejano dada la posterior influencia de otros medios (los nacidos poco antes de los noventa vivimos siendo adolescentes el paso del analógico al digital), pero en general, en multitud de hogares era habitual que la tele se viera o no, estuviera siempre encendida.

see url Cuando comencé la serie de pinturas “Análogico, grano, digital, glitch” planteaba un pequeño estudio de la influencia del medio televisivo en los acontecimientos recientes que consideramos “históricos” consumidos de forma pasiva y en contraposición con la “acción directa” que redes sociales e internet nos permiten a la hora de vivir en directo alguno de estos momentos.
El zapping, caracterizó en buena medida el consumo de imágenes y la sensación de “no perderse nada” para permanecer conectado en los últimos años de la década de los noventa. El desfile de referencias visuales a golpe de botón sumía al espectador en un continuum en el que el tiempo para asimilar, reflexionar o razonar sobre lo visto era prescindible. Un primer impacto, una imagen que se consume sin la necesidad aparente de nada más que continuar viendo lo que aparece en pantalla.
El papel que juega en nuestra memoria una serie, un programa o una de esas imágenes que “daban la vuelta al mundo” (antes de que términos como viral apareciera asociado a estos casos gracias a la red y al marketing) activaba según que sensaciones en torno a una imagen conocida, familiar y que de alguna u otra manera formaba parte de nuestra cotidianeidad pues entraba directamente en casa a través del televisor, e incluso nos hacía sentir formar parte de algo, de un momento único.

الأسهم السعوديه الحلال Una anécdota pop, reúne una sencilla colección de imágenes televisivas intervenidas con plastilina en un pequeño zapeo visual en el que acontecimientos considerados relevantes para historia, hitos momentáneos celebrados por la colectividad (con especial atención al espectáculo deportivo), y momentos y anécdotas de la propia “historia de la televisión” conviven al mismo nivel. Tres tipos de imágenes emitidas por un mismo medio maldito y mal visto por la intelectualidad en general debido a la escasez del contenido de calidad y a su capacidad para adormecer el pensamiento crítico del público, pero de enorme influencia no solo por su consumo masivo, sino por el hecho de que nuestra referencia visual sobre ciertos momentos de la historia reciente no existirían sin la imagen televisiva/televisada y sin su formato.
La plastilina cubre, deforma, interpreta y codifica de nuevo los frames (todos obtenidos en un proceso de archivo, investigación y colección a través de internet con la misma arbitrariedad que caracteriza a un zapeo) en el que política, deporte y telebasura se mezclan sin un tamiz más claro que la propia visión. Imágenes en vídeo y emitidas en directo congeladas a través del medio digital.
Siendo nuestro momento un generador de imágenes y desechos visuales sin parangón, Una anécdota pop plantea un juego de arqueología de la imagen reciente en el que al igual que los restos del pasado sin estudio son solo desechos de otra época, nuestras imágenes sin un sentido claro y sin cuestionar el medio del que proceden son solo un puñado de anécdotas.
Sin la capacidad crítica del espectador para ordenar y reflexionar sobre lo visto las imágenes y pensamientos, acontecimientos históricos… sólo conforman una amalgama de momentos y titulares, una forma de relación con la imagen superficial que sufrimos a diario y en la que el arte solo puede aparecer herramienta y manipulador de contextos y forma de vida que interviene como catalizador de experiencias, sensaciones o sentimientos.
Anécdota pop no es más que una “colección de imágenes discontinuas” un “zapping” estático que continúa apuntando hacia mi interés personal y artístico por la historia y la memoria como procesos totalmente diferentes pero evidentemente interrelacionados.
Rafael Jiménez